LA VOYEUR. Por Marita
Llegué a mi casa agotada. Había trabajado todo el santo día, tuve que verle la cara a miles de personas y ninguna agradable, puras caras aburridas, enfermas, dolientes, magulladas, agonizantes. Debí saber que la enfermería sería así. Debí adivinarlo, como debí adivinar lo que pasaría esa noche. Herví una salchicha…





