Los trinos del amanecer. Por José Luis Enciso
Esa mañana, Ágata no vino a despertarme como lo hacía a diario: a las 5:00 am. Siempre se trepaba en la cama y maullaba mientras, con sus garritas, intentaba descobijarme. Su ritual inexorable tenía el propósito de arrancarme del sueño a fin de que la acompañara al baño y le…





