Las palabras no dichas. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Para encontrar las palabras exactas, hay que tenerlas. Llegó jadeante y astillado. En partículas de cólera y de amor; evocando este cuerpo abierto a golpes de besos y de ternura. Pero no me dijo que se desvivía por amarme. Sólo suspiró: qué bien verte de nuevo… Se apretó a mi…





