denuevoelcorazón. Por Yolanda Sáenz de Tejada
-Pasemos de nuevo al romanticismo, -me dijo él cogiéndome la mano y apretándola con sus falanges.- -¿Al romanticismo de Espronceda o al de mi boca? –le respondí traviesa. Y él, revolviéndome el pelo como a una niña, me contestó sonriendo: -Al de tus dedos… Y fue cuando yo le recité…






