La cortina. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Entraba despacio en la ducha y el plástico (de cortina barata) se abrazaba desesperado a mi piel. Las gotas de agua corrían por mis pecas y mis rodillas mientras yo, niña grande, soñaba… La cortina se enamoraba de mí cada mañana y se revolvía entre mis brazos callados, luchando (aliada…






