No supe. Por Ignacio Fajardo Portera
Yo conocí la mano que llenaba la mía. Abracé al hombre alto -era lo más alto, cuando todas las cosas eran altas- y me llenó de ideas como besos, de besos como risas, de vértigo y caricias. Yo distinguía el ruido de sus pasos, el golpe del llavín en la…





