El niño del museo. Por Mercedes Martín Alfaya
Sarajevo tenía los ojos de vidrio y el cuerpo seco. Lo encontramos al bajar la escalera, enmarcado en un silencio extraño. Al verlo, mi padre se quedó muy serio, cerró los ojos y me apretó mucho la mano, como diciendo: no te vayas, no te vayas… Y yo me quedé…





