24- La vieja bodega. Por El asesino de Morfeo
- 1 octubre, 2012 -
- Relatos -
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El día era luminoso, maldita sea; el sol había salido detrás del castillo, como siempre, la gente trajinaba camino a la plaza, como siempre, la carnicería de enfrente había abierto sus puertas y olía a primavera. Juan miraba a través de la ventana, tras los cristales sucios y no entendía por qué todo seguía como si nada hubiera ocurrido.
El hombre esbozó una media sonrisa mientras se calaba aún más el viejo gorro que tapaba un pelo rubio y reseco. Era alto y enjuto, levemente encorvado y, en otros tiempos, debía haber sido atractivo. Pero eso era algo que a Juan le importaba muy poco.
La luz de la ventana recortó su figura mientras él recorría la estancia con una mirada fría, gris, minuciosa: no convenía dejar ningún cabo suelto, ninguna pista que delatara a la enemiga lo que allí había pasado ni dónde podría encontrarle. Cerró las contraventanas, recorrió el resto de la vieja casona y bajó las escaleras que le llevaban al refugio que, durante mucho tiempo, había preparado.
La casa de Juan era grande, de piedra: como casi todas las casas antiguas de la zona escondía en sus entrañas una vieja bodega; en el piso superior estaba la vivienda familiar y, en la planta baja, la panadería que había permitido que su hermana y él fueran a estudiar a la universidad, lejos del pueblo. Ella había terminado la carrera, se casó y se quedó a vivir, con su marido y su trabajo de bibliotecaria, en el piso que sus padres le regalaron en Madrid. Era un buen piso y a sus padres les costó muchas barras de pan horneadas con sudor y cansancio. Años y años de olor a pan y a sudor costó el maravilloso piso.
Juan no terminó sus estudios. La cabeza le daba demasiadas vueltas buscando el sentido a la vida y respuestas a dilemas que nadie ha resuelto. Leyó a los grandes filósofos, buceó y buceó en libros que nada tenían que ver con las asignaturas que impartían en las aulas…. hasta que algo estalló en su cerebro. Entonces empezó la peregrinación de psicólogos a psiquiatras, de psiquiatras a psicólogos y su clara mirada se perdió detrás de las gafas oscuras que, desde entonces, ocultan sus ojos y un feroz escepticismo.
Juan abandonó su estéril búsqueda para encontrar el amparo de sus padres y de la panadería, allí todo era más fácil y sencillo: el pan no pretendía ser otra cosa que un buen pan con el que acompañar la comida de la gente cuando se sentaba a la mesa. Juan horneaba, se dejaba querer por sus padres y leía. Durante un tiempo la vida se apaciguó, pero pronto el mal de la enfermedad vino a instalarse en la vieja panadería, como un huésped hosco y desabrido, para alimentarse de los padres y engullir su vida.
Primero fue al padre; el maldito huésped lo debilitó hasta dejarle atado a una silla de ruedas y al dolor. Su mujer y Juan le cuidaban mientras esperaban que la hija viniera desde Madrid a acompañarles y a dar algo de cariño al pobre viejo que preguntaba por ella. A veces llegaba al pueblo con su novio (un cura renegado que jugaba a cineasta y a meterle mano a la chica del panadero) eran visitas breves y terminaban cuando conseguían que los padres les “prestaran” algo de dinero. Juan comenzó a odiarles.
Cuando por fin la muerte se llevó a su padre, la hermana reclamó la herencia nada más llegar del cementerio, quería financiar un corto que, el que era ya su marido, pensaba realizar. Su madre lloró y le dio el dinero que pedía. Por entonces la anciana dejó que la enfermedad empezara a comérsela.
Juan decidió que aquella mala mujer no era su hermana, solo le unía a ella unos cuantos genes no identificados; canalizó su energía en cuidar a su madre mientras alimentaba una inquina febril contra sus enemigos: la ingrata, como le gustaba llamarla y el pretencioso pedante de su marido.
Le costaba recordar cuándo había tenido algo de complicidad con su hermana, buscaba en su memoria y siempre aparecía como la niña malcriada y celosa que había amargado su infancia. Juan había crecido escuchando maravillas de ella mientras tenia que soportar sus pequeñas mezquindades y sus mentiras; más de una vez cargó con las culpas de lo que hacía doña perfecta sin que ella moviera un dedo por esclarecer su autoría. Soportando su cínica sonrisa, Juan se enfrentó por primera vez a las pequeñas injusticias que conforman nuestra infancia y, en ocasiones, nuestro carácter.
Es difícil asegurar nada, quizás fue por entonces cuando Juan decidió convertirse en un Quijote desfacedor de entuertos o quizás no, pero lo cierto es que, cuando lo conocí, su figura tiernamente estrafalaria y su búsqueda enajenada de justicia, me hizo pensar en el caballero megalómano y perdedor creado por Cervantes.
En los últimos tiempos, se había cansado de luchar contra los molinos de viento y había centrado sus esfuerzos en cuidar de su madre enferma y en despreciar a la miserable de su hermana. No podía perdonarle el desapego que mostraba hacia su madre, la indiferencia ante su dolor y la falta de interés ante todo lo que no fuera dinero. Día a día fue rumiando su venganza y, cuando vio que la anciana ya ni siquiera preguntaba por ella se preparo para humillar a la bibliotecaria.
Recordó la vieja bodega de su casa; la entrada había sido tapiada porqué a su hermana le daba miedo y convenció a sus padres con mimos y llantinas. Nadie había vuelto a hablar de ella en la familia una vez condenado su acceso. En secreto Juan volvió a abrirla, luchó contra las telas de araña y la suciedad que se había acumulado durante años, bajó todo lo necesario para subsistir: agua, víveres, libros, dos pequeños camastros, una mesa y un par de mantas para protegerse del frío y la humedad. Comprobó que la vieja instalación eléctrica aún funcionaba, instaló ruedas en una estantería para ocultar la entrada a su guarida y pacientemente esperó su momento.
El día era luminoso, maldita sea. Había dejado un lacónico mensaje, en el contestador telefónico de su hermana, comunicando que su madre había muerto. Con cuidado bajó en brazos a la difunta y la depositó en el camastro de la oscura bodega, se sentó cogiendo la mano yerta de la mujer y secó a manotazos las lágrimas que le caían por las mejillas y la barba sin afeitar…..afuera el día era luminoso.
Agarrado a la mano de su madre imaginó la llegada al pueblo de su hermana, el desconcierto del matrimonio al preguntar, de casa en casa, por el paradero de los ausentes. Habrían ido al tanatorio y al medico que expidió el certificado de defunción. Se imaginó a su hermana dando explicaciones que paliaran el escándalo que sacudiría el pueblo, la vergüenza de la ingrata ante las miradas de hipócrita conmiseración de los vecinos y paladeó el hecho de que cada uno de ellos conocía la verdadera historia del desamor de la mujer.
Tres días, tres, veló a su madre a solas. Le habló de su niñez, le dio las gracias por su amor, por las comidas que le preparaba con cariño, por su paciencia cuando se le nublaba la razón. Pasó el tiempo leyéndole libros que sabía que a su madre le gustaban y le explicó que la niña que había parido se había convertido en alguien que no se merecía despedirse de ella ni manchar con su presencia el último aire que la envolvía.
Tres días, tres, esperó a que su hermana se marchara. Pegado a la trasera de la estantería escuchó el ruido de la puerta al cerrarse con un portazo, luego el rugir de coche de la pareja arrancando y huyendo de una situación cada vez más esperpéntica. Juan esperó tres días, como los antiguos, a que el espíritu de la madre abandonara su cuerpo en la cripta del hogar que la había cobijado. Solo entonces se entregó a la burocracia que rodea a la muerte, serenamente y con una leve sonrisa en el alma.






Mosqueada estoy, Asesino, porque releyendo relatos he encontrado varios anuncios tuyos diciendo que has dejado, aquí en tu casa, ayer día 5, un enlace.
Y yo ya he desgastado la ruedita del ratón sin encontrarlo. ¿Los duendes de la informática?
Serán…
Esta tarde tampoco permite la administración la tertulia literaria. Claro, luego se hace de noche, y después del vino vienen los licores y… No, tú ni probarlo, que tienes muy malos tragos y luego, pasa lo que pasa. O sea, la cuchipandi. Y el lío cuando aparezcan todos los comentarios sin orden ni concierto, con su consiguiente desgaste neuronal. Ains.
Asesino:
Has dejado un mensaje en mi casa diciéndome que querías compartir algo conmigo. Pero no encuentro qué es.
Además hay aquí una explosión de comentarios… Es imposible encontrar el hijo.
Es igual, que sepas que te visito y te recuerdo. Después de terminado el certamen nos escribiremos para intentar ayudarnos los unos a los otros.
Un abrazo.
¡Madre mía! Me voy una semana a mi pueblecito sin Internet y las posibilidades de encontrar lo que me querías enseñar desaparecen. ¡Hay demasiadas comentarios! Y tantas conversaciones que me he perdido un poquito por esta mansión.
Igualmente, aquí esperaré, tomándome un té, a su salud…a ver si me animo a buscar bajo las alfombras jeje
Un beso
¡»Regulaos»! decía un chiste muy viejo y algo obsceno…me pasa lo que a Don Juan, que me pierdo entre rectángulos y contestaciones y, si, Iri, esto se empieza a parecer a los «Diálogos de besugos» de la Codorniz.
Propongo que, entre nosotros los asíduos, hagamos los comentarios directamente, especificando a quien va dirigido en el encabezamiento. En vuestro caso seguro que no teneis problemas pero yo…tengo las neuronas justitas para pasar el día.
Bueno, cojo mi cachaba y voy para la casa de Dies Irae, más que nada para cotillear y reírnos un poco de mi chochez.
Razón tenéis. Más arriba
se me acaban las opciones.
No sé si es tiempo, o espacio
o existen más dimensiones
y me encuentro muy perdida.
Disculpadme, pues, si erré,
y la tilde que olvidé
por no escribir más despacio.
Con este despiadado»este hombre» ¿os referís a mí, Dies Irae? Porque de ser así veo que los horrores de este mundo virtual son una maldición. ¡No hago sino responderos por doquier..! Perdido entre tanto cuadro, recuadro, recuadrillo…
¿Qué reloj usa este tiempo?
Pues si os respondo al momento
el momento ya pasó.
Que ya me siento como el prisionero del romance:
«…que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son»
Asesino,
¿en que he ofendido a este hombre
que me nombra varias veces
como si muerta estuviera
y a mis cartas no responde?
Parece esto un diálogo de besugos. Yo no te digo, maestro, que pongas en ningún sitio comillas. Digo que, de mi frase entrecomillada, te apliques sólo eso y no entiendas que te dedico el poema completo. Que, aún siendo de los más hermosos del mundo mundial, no deja de ser la elegía al compañero muerto. Y callo, que me estoy escaqueando del curro y eso no está bien. Talueguito.
¡Por fin alzó el velo la luz y se despertó ese servidor que tan mal sirve!
En casa de Dies Irae hay algo que promete (comentario de un nuevo rival don Luis y futura controversia…)
Voy a mis quehaceres,a hurgar un poco en mi realidad intermitente.
Un gran saludo, matador de sueño.
¡Ah! ¡Por aquí andáis vos, Tenorio! Mas… ¿dónde para el anfitrión? Eléctricas, electrónicas y de variadas especies, concurrieron calamidades ayer en este lóbrego bosque, me parece adivinar.
En fin… Despunta ya el astro rey y, con él, ineludibles obligaciones hasta pasado el almuerzo, cuanto menos. Cuidad, si os place, en mi ausencia, de éste, doquiera que esté. Pues nombrándose Asesino, no conoce que es poeta, y su vagar en la tierra no se halla exento de riesgos.
¡Sal de mi amiga, maldito espíritu corrector…!
No he puesto comillas porque no citaba a don Miguel, solo lo nombraba…¿Puedo ir a hacer pis, «seño»?
Tranquilo, Don Juan, no solo los espectros tienen problemas con la electricidad. Ayer me salia el certamen con error en la página de vez en cuando. Como dice Dies Irae, el moderador debe estar malito…pero yo me temo que se ha declarado en huelga de brazos caídos por lo que le hacemos currar.
Me alegro que te gusten las frases; yo a mis amigos les doy lo que puedo, Haz con ellas lo que quieras, eso si, luego me lo enseñas que quiero ver lo que escribe Don Juan cuando se quita el embozo.
Campanas y medianoche.
«Entre las doce y la una corre la mala fortuna».
Ha pasado el día; horas ha que quise responderos, mas eléctricas vicisitudes interrumpieron mi vuelo (no es para sombras este mundo extraño que se apaga como sol caprichoso)
Pues… como os iba a decir esta mañana: encantado aquí yo os leo, ¡oh, Morfeo malherido!
Encantado por dos pensamientos por vos escritos: «una tarde llena de ausencias no buscadas» y «me está esperando un mundo por estrenar». Con gusto os las arrendaría para…(¡perdón, no puedo aún alzar mi máscara!)
¿Qué consejo y consuelo daros? Cultivad vuestro jardín, como nos dijo Voltaire.Y guardad en él un espacio para don Juan Tenorio, con losa o sin ella.
Miguel Hernández, claro, pero porfi, la frase entre comillas, nada que ver con el motivo del poema.
LO DE LAS CASUALIDADES EMPIEZA A SER MOSQUEANTE…MIGUEL HERNANDEZ¡¿?!
Vengo atribulada por una nota que veo en casa, del Tenorio (que más que un conquistador parece ya un mensajero), y, efectivamente, te encuentro… ¿postrado y malherido?
Ea, ea. Hoy me toca a mí subirte el ánimo y exigir sonrisas. Vamos a ver si se ha pasado la resaca, «que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero».
(No sé si me dejaré ver mucho hoy, que con esto de la doble vida, real y virtual, ando un poco azacanada).
¡Buenos días, amigos…que el Señor esté con vosotros!
Anoche me acosté, con los versos de Rodofo Tallón:
» Volveré con el piano que solloza
las nocturnas escalas de Chopin;
con la lenta agonía de las cosas
que no saben morir».
Encima, el brebaje francés aprisionó en sus busbujas la tristeza de una tarde llena de ausencias no buscadas….¡Mierda! menos mal que amigos recogieron los despojos de este viejo, lo metieron en la cama con amor y hasta le leyeron unos versos para recomponer el alma.
Lo intuía, lo del vino francés (asignatura maldita de mi precario bachiller, el «jodío»idioma)y las maneras glamurosas no le van a mi vetusto espíritu,hecho a golpes de Machado y Miguel Hernandez.
Mi jardín, Don Juan, no tiene más que dos macetas raquíticas y un poco secas, pero encenderé la chimenea y os está esperando un buen vino joven manchego, unos tacos de queso de oveja y un día recién estrenado.
Voy a ponerme a leer, con tanta resaca me está esperando un mundo por estrenar.
«Vino que del cielo vino,
vino con tanto rigor
que al hombre sin ser de letras
lo hace predicador…»
Más os valdrá dedicaros a un buen Borgoña si os placen los franceses…Y no os preocupéis por Lovecraft (a quien yo tengo por un don Luis Mejía)Larga es su espada, mas mal se emboza, creedme.
Nada, Don Juan, un vahido
Un malestar, un mareo,
Una locura, un repente,
Una turbación,un vértigo…
Espíritu burlón, os ruego que presenteis mis excusas a Muñoz Seca y a Clodulfo por ningunearlos de ésta manera, pero es que hoy …
Estoy hecho unos zorros
por culpa de un espumoso.
¡Dios, que bajo he caído!
¡Salgo de caza y os encuentro descalabrado, buen Morfeo!
Domingo vacío es mal día, pues llueve melancolía que jamás fue buena compañera.
Dies Irae escribió bien.Fuisteis bien comprendido(quizá comentarios ligeros no os descubrieron primero)
¡Por Dios, no bebáis más vino!
¡Salid de vuestra bodega!
pues el jardín os espera
de un celestial destino.
PD: ¡Lo ves, mira lo mal que estoy…no quiero pensar cómo se va a poner Lovecraft cuando lea lo de Cavernet…!
¡ Por Dios, Dia de la ira…ten compasión de mi! el cavernet ese lo tengo clavado en el ojo y tus palabras clavadas en el alma como la más dulce de las estacas.
Que tus sueños sean tambien dulces. Mañana nos tomamos unas manzanillas para desayunar. Encenderé el mejor fuego para ti en la bodega.
Y dice el asesino,
a los pies de la bella dama,
monóculo perdido
y capa hecha una piltrafa…
«Me alegra oír a uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón:
y que otros ya borrachos,
en trino desusado
cantan al dios vendado
Impúdica canción».
Ya ves, inclemente Iri en que estado me encuentro, dejemos pasar la noche y que Espronceda me perdone este atrevimiento.
Beso a usted la mano, y dejaré otra noche vivir a Morfeo para que me acune dulcemente en sus brazos.
Pero, antes de irte, dile que no me mueva tanto que el maldito vino francés de anoche se está cobrando una victima.
Buenas noches, quitate los tacones, ponte las pantuflas y, sobre todo, se feliz.
Vamos a ver una cosa, amigo mío, que me tienes desde temprano dándoles vuelta a tus palabras y no acabo de enterarme. ¿Quién no te entiende, y qué?
Atisbamos brevemente en el relato a un narrador que apenas se inmiscuye en la historia, quizá lo justo para que sepamos que no es El Narrador Omnisciente, sino un conocido de Juan, a quien le contaría aquello, seguramente al calor del fuego de la chimenea y tras unos cuantos vinos.
Gracias a él, sabemos los cómos y los porqués. La vida que llevó de niño, de joven, de un trastorno mental aparentemente leve… que tan sólo deviene en lucidez ante el comportamiento de la hermana. A mí me gusta esa venganza inútil para el resto, tan lejos de la psicosis que podíamos esperar encontrar en forma de asesinatos cruentos, y que sólo a él satisface. Cuando contaste, en un comentario, el resto de la historia, me alegré de que no lo hubieras metido en el relato. Nos regalaste un Juan más justiciero que vengador, absolutamente amable en el sentido literal de esta palabra. Por eso me gustó tanto tu historia, porque tu personaje tiene el interés de lo especial sin necesidad de truculencias o sorpresas traídas por los pelos. Es un ser, en su diferencia, lleno de humanidad.
Quizá como el autor, que, por cierto, no creo que deba tocar una coma de este relato, que se entiende, bien leído, a la perfección.
(Bueno, alguna coma y quizá otras minucias sí, pero de eso ya hablaremos cuando se acaben los suministros de cabernet sauvignon).
¡Ah, cuán feliz se siente esta sombra desdichada…!
El vino me entró caliente y desenvainó mi espada.
Ya sabéis que pendenciero me hicieron y así quedé.
Perdonad, pues, caballeros (¿o también hay aquí dama?)
y sigamos en la brecha noche a noche, de alba en alba…
que de ver tan buena letra, ya por tantos olvidada,
lloran todos mis sentidos dando alegría a mi alma.
¡Qué delicias, buen Morfeo, en buena bodega guardas!
¡Qué divino ingenio, Ira, ocultabas bajo capa!
¿Cómo volver a mi tumba tras este sublime encuentro?
Por no tener yo morada en este mundo que os une no os podré invitar a casa…
Casa tengo en otra calle, pero discreción la guarda hasta que llegue la hora en que todo se destapa.
Para no ocupar vuestro espacio no me extiendo más, amigos.
Y, siendo sólo personaje, no puedo sino emular a mi hacedor en lenguaje. Emulo mal, ¡pardiez! pero mi misión cumplí: rescatar su memoria sepultada y una lengua atormentada que no pensé volver a oir. No os sintáis, pues, obligados a mi estilo respetar. Es bien cruel, el muy villano… ¡De él os juro yo escaparr!
¡Ay de mí! Corre mal siglo para usar palabra antigua.
(Habrá que construir panteón para juntar nuestras voces en este peculiar cementerio)
Aqui, entre nosotros, te diré que he recibido muchos comentarios para mi trabajo,casi todos muy amables y estoy muy agradecido por cada uno de ellos, de verdad. Me conmueve tanta atención.
Pero sólo dos personas me han dejado ver que entendían mis intenciones. Don Juan Tenorio y tu.
Don Juan me habló de una inútil y desgarrada venganza y tu lo haces de la proyección en su hermana del fracaso de su lucha vital contra la injusticia.
No sabes lo importante que ha sido, para mi, leerte. Es obvio que tengo que mejorar para que se me entienda pero, que vosotros captarais mi mensaje, me anima a seguir escribiendo.
Buscaré tu relato. Un abrazo y suerte.
No me lo veo creído:
Despierto y ¿qué ven mis ojos?
Un Juan postrado de hinojos
y otro Juan muy ofendido.
Pero, Don Juan, ¿qué pusisteis
en la copa de mi amigo?
Vedle balbuceando excusas
en defensa de mi honor.
En cuanto a vos, malhechor…
¿No veis que vuestra presencia
iba incluida en la oferta
que «deliciosa» nombré?
¿Pretendéis jugar conmigo
tal como es vuestra costumbre?
Si vais a por otra lumbre
ni echéis la culpa a mi amigo
ni digáis «Si es que te irrita».
(Disculpad por el quinteto
que imprescindible encontré.)
Sabed que «pedantería»
es palabra que no ofende.
Como no ofende el ingenio
a quienes palabras venden.
Ea, pues, señor Don Juan:
Acostemos al tunante
y acompañadme a mi casa
que queda más adelante.
Que ya el alba esta apuntando
y estos tacones me matan…
Hola asesino, he tenido que pasar directamente a mi comentario sin pararme en los demás para que no se me escape nada.
Me ha gustado el relato, porque poner palabras a sentimientos lo considero ardua tarea, pero más difícil es hacer que esas emociones nos lleguen a los lectores. En mi caso lo has conseguido. Me ha atrapado el párrafo en el que describes la búsqueda inútil del protagonista y cómo, vencido, vuelve a casa.
He dicho que no he leido los anteriores comentarios, pero algo he visto por ahí, yo creo que no la perdona, creo que la depresión arrastrada desde siempre, y el intento inútil por superarla le quiebran el sentimiento de perdón, no a ella, al mundo. Y creo que la injusticia la ha personificado en su hermanita la interesada, amén de que la culpa de los fracasos de su vida.
Perdona que me haya extendido tanto, me ha gustado mucho, y pensarás que mi comentario no tiene nada que ver con lo que has escrito, pero eso es lo que he sentido yo.Y si sientes en un relato es que está muy bien narrado.
Enhorabuena y mucha suerte
Lo que yo siento, de verdad, es el malentendido.
Lo que te ha ofendido del comentario de Dies Irae no es sino un fragmento de una conversación que manteniamos en su casa y, que en nada,se refería a ti. Te recomiendo que te pases por Alma de carrusel, el nº108.
Ambos mantenemos una cierta complicidad despues de éstos días en el certamen acerca de que, en ocasiones, se nos ha tachado de incultos entre otras lindezas. Estaba un poco triste y se me ocurrió recurrir a una broma para animarla diciendo alguna que otra chorrada.
Por favor, pásate por allí y revisa los últimos comentarios. En el último, y para hacer más sugestiva la invitación, le hablaba de que nos esperabas en la vieja bodega y que quizás nos contagiarias de tu ingenio.
Ten por seguro que ambos hemos disfrutado de tus irrupciones, estimulantes y divertidas. Sentiría profundamente que nos privaras de tu presencia
Insisto en que leas toda la conversación y, si a pesar de ello sigues dandote por aludido en algo que te moleste nos lo hagas saber, ya que yo no se cómo ponerme en contacto con tan distinguido huesped.
Por ésta vez me he olvidado de los versos. No quiero que mi torpeza con ellos tergiverse mi mensaje. La proxima vez tendrás que aguantarme lo que salga.
Un abrazo y te esperamos
Morfeo: A Dies Irae fui a buscar (por no ser descortés en tu casa) y allí encontré lo que no buscaba: infieles y picantones entre vinos y tacones…
Sigue mi espada en pos de vuestras huellas de tinta.
Corre mi pluma helada de bodega a carrusel…
¡Uf, qué empresa!
“Mas ya me irrita, por Dios,
verme por todos burlado,
corriendo desalentado
siempre de sombras en pos”.
¿Habré de hallaros por fin?
(Te envío una copia vil que espero sabrás perdonar…)
Perdona, Morfeo, estos lances en tu casa.
Dies Irae, Dies Irae…
Por Morfeo fui invitado a más vida y me quedé.
¿Por qué un banquete de pedantería? ¿No es un placer poder jugar entre amigos en un florido lenguaje que a alguno divertirá?
No reclamo honor ni halago.Sólo aspiro a distraer.
Mas si mi presencia te irrita a otro daré yo cita para a ti dejarte en paz.
¡Oh! ¡Pero si está Don Juan!
Yo que le hacía en su tumba…
¿Regresó? ¿Jamás se fue?
¿Lo invitamos a compartir nuestras viandas?
En fin, aunque su presencia sea inquietante, no me puedo resistir a esta deliciosa oferta. Además, el papel que me propones lo tengo muy ensayado.
¡Que suenen rigodones y minués, esta noche batimos records de pedantería!
Halagas mi sombra tú, implacable Matador de Sueño.
Invitado por azar a este mundo virtual fui. Me complació y heme aquí, vagando por aposentos en los que entro sin invitación. Al amparo de mi capa vuestro sitio he recorrido. A veces, en alguno quedo rendido en buena hora.
No han de perjudicar mis letras ni a celosos ni a soberbios, ni a humildes ni a engreídos. Procuro tener buen tiento y a muy pocos he ofendido. Cuando me gusta el relato, escribo. Si me disgusta, lo ignoro. No me ocupo de la historia, sólo sed tengo de estilo.
¿De mí algo saber deseas?
Habrá que esperar el fin de este vuestro certamen.Que el Tenorio de Zorrilla audaz fue, nada temió, salvo ofender las reglas, quizá, de su propio honor.
Mas… por proveer tu curiosidad una adivinanza te podré avanzar pronto,si gustas.
me ha gustado mucho tu relato, demasiadas veces en la vida los valorados son los que en realidad menos hacen por los demás, mucha suerte
Con asombro de mirarte,
con admiración de oirte.
Ni se que pueda decirte,
ni que pueda preguntarte.
Bueno, si…¿Te has presentado al concurso? Si es así, da una pista a tus espectros, porque éste no te encuentra ni vivo ni muerto.
No es serio éste cementerio.
Medianoche ya es pasada. Mi plazo agotado está. Mas…
«¡Cielos! ¿Qué es lo que escuché?
¡Hasta los muertos así
dejan sus tumbas por mí!»
Pues larga vida me das,Morfeo,me perderé entre los vivos
acaso unas horas más…
«No os podréis quejar de mí,
vosotros a quien maté;
si buena vida os quité,
buena sepultura os di».
¡Por Dios, que sois hombre extraño!
ved, don Juan, lo que
emprendeis.
Digo que acepto el partido.
Para darlo por perdido
¿quereis veinte días?
…..o cien.
Siento el final; no es muy fideligno, pero es lo único que se me ha ocurrido.Bueno, te dejo que te meses los cabellos
mientras te pongo una poquita tortilla y un vasito de vino. Pero, por caridad, deja a las musas afuera que se lo jalan todo.
Muchas gracias por la visita y por tus amables palabras. Cuando pueda me pasaré por tu rincón, que promete.
¡Larga vida al Tenorio!
No me digas eso, Sol, que estamos entre dos Juanes.
(Buenas noches, compañeros).
De página en página voy buscando ganadores…
y hasta aquí me han traido las musas del Comendador.
¡Vive Dios que hay buen nivel!
Relato potente de desgarrada e inútil venganza, A.de Morfeo.Buena pluma la tuya. Ligera y hábil.
«Conque, señores, quedamos
en que la apuesta está en pie»
Y si el Sr Asesino nos termina sorprendiendo?
Alguien dijo… las casualidades no existen.
Me apunto a la tortilla.
Les dejo un orujo, veo que se tomaron todo el ron.
Besososos
Soy muy conformada, así que sorpréndeme. Con la tortilla, digo. Mientras, por ahí tengo unos juegos florales a medias, enseguida vuelvo.
¡Bueeeno…! me resistía pero ¿Te gusta más o menos cuajada, con cebolla o con pimientos verdes?. Tengo fama por mis tortillas, mi cocido y mis potajes; en cambio, lo de la nueva cocina no es mi fuerte….no lo puedo evitar, me entra la risa y la presentación se me desbarata.
Misterios de la informática, dejé un mensaje y no aparece ni como «en moderación». Lo intento repetir y no me deja, dice que ya lo he enviado. Pues bueno, paciencia hasta que el amigo administrador, harto de mi verborragia, lo arregle. Y disculpe usted el trabajo que le damos.
Pues sí, por si alguien tenía dudas. Yo a este señor no lo conocía de nada antes de esta edición (no puedo decir lo mismo de todo el mundo), a no ser que me dé alguna sorpresa cuando se desvele su identidad.
Otra cosa es que en ciertos momentos me recordases a alguien y quizá eso contribuyó, en su día, a sentir más simpatía por tus comentarios. Pero no, incluso aunque justo ahora digas que te parezco más una ardilla, ni te conocía ni se puede decir que nos conozcamos aún. La vida, a veces, regala casualidades. Además me alegra que sea así. Y no acepto que sea mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Pero ¿vas a hacer tortilla para merendar, o no?
¿Sabes?,te voy siguiendo desde el principio del concurso. Te he conocido aquí, urgando en comentarios y relatos ajenos, he sentido tu amabilidad y algún pescozón cariñoso de los que se agradecen; se nota que sólo te lleva un ánimo de compartir tu experiencia: eres una de las personas que me han hecho cambiar de opinión con respecto a los paladines de la corrección.
Puede que rumies en la intimidad, pero yo te veo más como una ardilla. Vital, agil y saltarina, dispuesta a disfrutar de lo que te encuentras en el parque (bueno, si, te siento como una ardilla urbana)con una alegría que esconde la agudeza de unos ojos capáces de adentrarse en los dramas de las gentes que pasean por el parque. Pero, cuidado, las ardillas saben defenderse con fiereza y eso me encanta.
No, no te veo como una vaca sagrada, pesada, con ojos saltones y adormilados. Animal sagrado que, quizás, puede dar leche; aburrida aunque, a veces, la leche se vuelva ágria.
Es lo que hay, aunque nos digan, con «rintintin» que nos besemos. Aquí un amigo.
Bueno, ésta declaración de amor se merece un poco de longaniza, vente con ella que yo pongo el pan y el vino. Y un brindis por el buen rollo.
Nota: es curioso el cambio de significado de la palabra rollo escrita como royo o picota. Teneis razón, la ortogrfía es necesaria…..a veces.
Me doy por aludida, querido Asesino, con eso tan bonito que escribes.
Sabes, una buena amiga ha crecido tanto con su trabajo tenaz y la ayuda (así lo reconoce ella misma)de las críticas sinceras, que ahora la invitan a tertulias literarias, pero de las de verdad, así con mesita de marmol, sofases de piel y espejos añejos para mirarte de refilón, té con pastas o chocolate con churros, bueno, una gloria. Y lo primero que le dicen es que no sea «concursera». Me lo contó hace poco, y yo me quedé rumiándolo, rumiándolo (¿será por eso lo de Vaca Sagrada?)…
Pues no sé… Primero, porque allí llegó por ganar un concurso. Segundo, porque a sus críticos favoritos los conoció en otro. Tercero porque gracias a las críticas públicas, ajenas, anónimas, ves cosas nuevas. El cariño, el amor, ya sabes que es, como poco, medio tuerto.
Y, esto es personal y que nadie me haga caso: ¿es lo mismo ir dejando manuscritos por las editoriales y dejar que el tiempo pase lentamente mientras te quedas sin uñas, que conocer gente que te ofrezca una opinión sincera y un consejo gratis? ¿Es lo mismo esperar temeroso la contestación del editor diciéndote que tu novela no entra dentro de su línea editorial sin porqués ni peros ni ná, que hacer unas risas con amigos, reales o virtuales?
Yo creo que, poco a poco, va llegando el día en que uno mismo es capaz de tomar solo la decisión de llamar a la puerta del editor, que tendrá seguridad, y no sólo esperanzas, de ser bien recibido, porque cada vez que ha expuesto su trabajo ha recibido, en general, buenas críticas de los comentaristas más duros y sinceros. Un editor sabrá más, claro, pero… Te lo dirá si es que quiere hacerlo, nomás.
Y mientras tanto, hay concursos en los que concursas solito, esperando ansioso el resultado en casa, sin arresgarte a que nadie te ponga a bajar del burro, y los hay en que, como dices, tu relato deja de ser tuyo. Yo, como las gallinas, pongo los huevos y los voy dejando en cualquier sitio, sin talento. Bueno, ya se vé, aquí te he dejado algo, puedes hacer tortilla de patata, si quieres.
Besicos.
A Lovecraft y a Bonsái.-
Me encanta que lo tengais tan asumido.
El viejo asesino me asoma de vez en cuando y se admira de ver al personal, con los redaños de limpiarse el culo en público con el trabajo de un compañero.
Hay que tener cojones, si señor, y valor para asumir que van a hacer lo mismo con el tuyo, en cuando te descuides.
No os fieis de mi sensatez ni de mi coherencia,porque todavía me duele demasiado la pérdida de mi niño y sólo comprendo las críticas entre colegas si están hechas desde el afán de ayudar.
Estoy seguro que si el asesino huele un fondo mezquino en cualquier comentario le entrarán ganas de desfacer el entuerto y de cagarse en el autor, aunque sea metafóricamente hablando.
Lo dicho, que estoy interiorizando mis últimos descubrimientos e intentando sujetar al díscolo del asesino…pero a veces se me escapa.
Muy bien dicho Asesino.
Una vez que expones tu trabajo, aunque no va a dejar de ser de tu autoría, pasa a ser del público que lo recibe.
De todas las opciones la peor es que lo dejen en un rincón sin mirarlo…
La crítica más dura y hasta la mala crítica (desafortunada sin consistencia)nos sirve. De todo se saca aprendizaje, después de todo para eso vivimos, para aprender.
Hasta mañana.
Sensato Asesino:
Así es como se aprende. No hay otra manera. Gracias a los críticos, por descarnados que sean.