Mayti Zea Escudero. Yo aprendí a leer…

Mayti Zea Escudero

Mayti Zea Escudero Con mi hermana en la época en la que aprendí a leer.   A mi madre, quien al contarme tantas veces cómo había aprendido a leer me permitió conservar en la memoria las sensaciones y emociones de aquellos momentos.          —Chari, la niña ya…

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Verdadera Navidad. Por Ana Mª Tomás

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Verdadera Navidad.       Estábamos en pleno confinamiento y la primavera estallaba por cada esquina ajena a si deseábamos festejarla o no. Y —superado a trancas y barrancas el verano— el otoño se adueñó de todo sembrando de hojas secas jardines y alamedas y dejando en las esquinas el…

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Dulces. Por María José Moreno

Dulces

  Dulces.     Confieso ante todos que soy un borracho.  En mi descargo debo decir que no siempre fue así y aunque no me crean porque eso solemos decir todos los que estamos aquí, la culpa no es mía.     Mis orígenes se remontan, más o menos, siglo…

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Con mi madre. Por Dorotea Fulde Benke

con mi madre

Reencuentro   Con mi madre.         Hoy he bailado con mi madre. La vi sentada en el banco de piedra de su jardín y guiada por unos retazos de música, empujé la verja y entré. No tuve que decirle nada; extendí la mano y al cabo de…

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Comerse un hámster. Por Anita Noire

comerse un hámster

Comerse un hámster «Los seres humanos no desean la inmortalidad. Lo que quieren es, sencillamente, no morir. Quieren vivir (…) Quieren sentir la tierra bajo sus pies y ver las nubes por encima de su cabeza, amar a otras personas, estar con ellas y pensar en ellas. Diarios de las…

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El carro. Por Gregorio L. Piñero. Cuentos estivales.

el carro

Cuentos estivales (XLIX) El carro         Bien de mañana, el tío Saturnino se puso a aparejar el carro. Había que acarrear pimientos. -Me comentó mi pupilo.       Cuando los pimientos estaban maduros alcanzando su peculiar tono rojo, se procedía a su recolección, que se hacía…

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