Irène Némirovsky, EL VINO DE LA SOLEDAD: El acantilado de los sentimientos.
La frialdad con la que Némirovsky (Elena en la novela) mira hacia su pasado nos deja helados, y si no fuera porque lo hace con esas señas de identidad tan suyas (donde los recuerdos parecen teñidos de grandes dosis de ensoñación), caeríamos en el más profundo de los pozos de…








