Tanto que no se da. Por Verónica Victoria Romero Reyes
Notar dos yemas, ajenas, pequeñas, entre mi corazón y mi anular y volver la cara, en giro sucinto y torpe, para comprobar que tus pestañas no muestran miedo al avance de mi mano en tu cintura buscando tanto que no se ve. Y no tiene fin en una carne ni…





