Condenado. Por Mª Dolores Moya Gómez
Todo se desmoronaba, solo me quedaba una opción… Después de muchos meses intentándolo, lo conseguí, tenía una cita con él, con el más grande. Entró apresurado a la sala y tras un fortísimo apretón de manos se sentó frente a mí, con un ruidoso catarro. En cuanto empecé a hablar…





