Punto final. Por Marcelo Galliano
Y entonces ninguna culpa por el alivio, por concluir el rancio ritual de la congoja. Si nada fue gratis…: la carga incomprensible de verla irse, de saber que era temprano pero tarde, de imaginar su mirada improbable en la habitación 28. “El padre de”, ese era mi nombre. Tanta veces…





