A Borbotones. Por Luis Oroz
No fue sólo el silencio, ni siquiera el vacío, que te deja en los ojos dos palabras dormidas, no fue la incompetencia del amor que arrastra los escombros de una voz inaudible. No fueron las persianas del invierno, ni aquella realidad que nos predijo el orden de la risa. Tampoco…






