A veces. Por Yolanda Sáenz de Tejada
A veces, cuando paseamos y me apresas por detrás, con la caricia experta que se ha aprendido -de memoria- el camino de mis vértebras, aprieto los ojos con fuerza para no perder la belleza del gesto: tu mano sobre mí. A veces, después de tantos años, también me cuesta. Pero…






