Serpientes. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Esta mañana he ido a su cama. Él dormía boca abajo. He atravesado las sábanas y su perímetro más dulce —área delicada de triángulos y vello— Y he soldado mi ombligo a su lomo, moviéndome como una serpiente (muy venenosa). Con mi cascabel, he taladrado su oído y, con una…






