Mi piel. Por Teresa Gallego Arjiz

Mi piel, como la erupción de un volcán se abre y burbujea en mis poros. Me arrincono en la esquina de mi dormitorio. No quiero llorarte, ni loca voy a llorarte, soy demasiado grande, demasiado importante, demasiado independiente, demasiado autosuficiente para quererte, para amarte, para extrañarte. Y no lloro y…

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El perro cortés. Por Dorotea Fulde Benke

Aquel día mi marido y mi hijo se fueron a la cárcel. No como presos, porque en ese supuesto yo hubiera organizado el día mejor, sino invitados por un alto funcionario. Cuando hablamos sobre dónde yo pensaba dejarlos, resultó que no querían presentarse en el trullo de pie como familiares…

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