Afilar mis uñas. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Cojo mis ojos con los dedos y me los cambio de sitio (últimamente veo demasiado alto y el otro día casi piso un recuerdo que estaba dormido) Después, me aliso el pelo (estos rizos indomables no dejan que pase la luz a mi cerebro y lo necesito fresco —en carne…





