Lo que queda. Por Miguela

Bruno permanece dos minutos parado sobre cuatro de los adoquines del empedrado de la calle Humboldt mirando detenidamente la inscripción Club A. Atlanta. El viento, fastidioso, agita las tres bolsas repletas de cartones que tiene en sus manos. Mira al cielo, sonríe y comienza a caminar. Tiene 35 años y…

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