Poemas curvos. Por David Martínez Garrido
LA BODA Nos fuimos alegremente al restaurante, todo lleno de lámparas de araña. La novia suave, blanquísima, ataviada, marcando la curva praxiteliana en melancólica abstracción. Y un viejo no tocaba el marisco sino con tenedor. Y después de él llegaron los comepasteles, los consumidores de alma. Decidí salir antes de…








