Un solo de soledad. Por Fátima Ricón Silva
UNA SOLA ROSA, UNA. Tocan a la puerta, me mantengo acostada en el sofá, con los ojos cerrados y la respiración queda. Puede ser que si escucha ruido se marchará pensando que no hay nadie. Transcurren unos segundos de quietud. Quizá ha desistido y se ha ido. Expulso una bocanada…








