Motivos. Por Marcelo Galliano
Ten cuidado, mujer, si estás conmigo que tus dedos no vayan a mi pelo, que tus ojos no brillen como el cielo, que no ceda el abrojo de tu abrigo. No te atrevas a hablar sin un testigo, no derrames sonrisas por el suelo, no alces tu mano cual caricia…






