Aquellos pequeños pies. Por José María Araus
Todas las aguas del Cantábrico envidian a la de aquella ola que bañó los deditos de los pies de la pequeña Ana, de dos años, allá en La Concha de Donosti, hace ya ¡Ay!, tanto tiempo. José María Araus
Todas las aguas del Cantábrico envidian a la de aquella ola que bañó los deditos de los pies de la pequeña Ana, de dos años, allá en La Concha de Donosti, hace ya ¡Ay!, tanto tiempo. José María Araus
Hoy que llueve en ti pienso, aun no estarás dormida, seguramente hojeas un libro en estas horas, y dejes, displicente, la cortina corrida para que desde afuera nadie observe que lloras. Y esta lluvia insistente y acaso encarnecida debe estar ya cayendo muy… muy cercana a ti, y llegará hasta…
Amo las horas grises de silencio que pactan con el mundo para rehabilitarme del pasado. Despierto en la raíz de la caléndula como vestal del sueño. Vigilo entre la luz los círculos de niebla y aúllo entre los árboles de plata. Amo las horas negras de nostalgia que arrebatan la…
Aquella estrella Ya se ven por las esquinas serpentinas de elegancia, resplandeciendo en la noche con destellos y fragancia. Ya se observan con derroche y van alegrando el alma, con sus luces chiquitinas, para la dicha y la calma. A veces, donde no llega la vanidosa arrogancia, se ve brillar…
El libro La autora nos interpela en cada página a preguntarnos sobre lo realmente importante de la vida. Nadie nace sabiendo todo lo fundamental, por ello preguntarse por lo verdadero es un buen inicio para plantar cara a la realidad, a las dificultades, a los fantasmas y a los temores…
Yo creo que mi peluquera asesina a los maridos de sus clientas. Mi hija dice que me estoy volviendo loca pero yo, lo creo… He decidido ir a espiarla cada día, al amanecer, cuando las baldosas se chupan unas a otras el resto de rocío (y sólo queda en ellas…
Tras muchos meses en paro conseguí un trabajo de asistenta de noche. Cuido de una enferma hasta las ocho de la mañana. Cuando acabo mi jornada y regreso a casa, él se va. Apenas disponemos de unos minutos para darnos un beso y despedirnos. Esta mañana le he visto la…
Sumida en el sueño, y su autor, Revello de Toro.
Entre sus brazos. Vuelvo a ellos. Avara, estúpida, arrepentida. Siempre en los brazos. Caricias de musgo, vello verde. Vuelvo a sus brazos melancólica. Vuelvo a su sueño que es el mío. Juana Cortés Amunarriz Blog de la autora
Desgastamos con el uso, ya lo dije, las palabras. Pero cuando se dicen con hondura, cuando salen de muy adentro, vuelven a recobrar la fuerza con la que debieron ser dichas, la primera vez que se dijeron. Veo el Fin al final del libro. Acabo de recorrer entre los brazos…