EL ANGEL DE LA PRINCESA LAPIDADA. Por ISIDRO R. AYESTARAN
Hola Princesa: Permíteme que te llame así a partir de ahora. Es algo que te mereces después de haber leído tu carta, aquella misiva que me escribiste mientras le gritabas al mundo tu impotencia, tu rabia y tu incomprensión. He de decirte que aquellas tus últimas palabras las tengo grabadas…





