Tú me enseñaste a pecar. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Tú me enseñaste a pecar. Bendito seas. Le robaron una tarde a la vida. Lo hicieron con desvergüenza y canallas, sabiéndose triunfadores y románticamente obscenos. Abiertos y sinceros; totalmente prohibidos. La tarde se dejó, solícita y ardiente, y ellos le abrieron las piernas y el tiempo;…







