Antonio Banderas. El orgullo de ser hispano. Por Luisa Núñez
Ausencia, «Amanecer en Babia». Por Ángel V. Díez
Dedos del alba por la orilla del río van ahuyentando sombras. Se sacuden los sauces las gasas de la noche, vegetal estructura esperando la luz. En el silencio, música líquida asciende desde el agua -invisibles violines- despidiendo las últimas estrellas… Así sucederá. Y no habrá ojos insomnes contemplando el prodigio,…
Frases de cine. Por Dorotea Fulde Benke
Sentí una sola caricia tuya, nada más que una, para recordar para siempre el roce de tu mano. Un solo vistazo de tu espalda desnuda me dejó con la resaca de una relación nunca iniciada. Tu voz supo envolverme y la seguí escuchando horas después de que acabaras la…
Para no verte nunca. Por Marcelo Galliano
Después de tanto tiempo sé que es mejor no verte. subirme las solapas si me cruzo a tu paso, apretarme los labios del ansia de tenerte, y cubrirme los ojos… y hasta la boca acaso. Sí, sí, mejor no verte, no saber que aún existe esa mirada tuya que…
Sin ti no hay lucha. Por Verónica Victoria Romero Reyes
A mi hermano, Carlos Tomás Romero, «Pegaso» en algunos poemas, «Fénix» en otros y «meses de Vida» en este Cáncer que me quiere comer. Gracias, Hermano. Después de ti, Kako, no hay nada. Eres tú el poema más difícil de escribir, el que me hace traba en…
La obra de los judeoconversos (II). Por Santiago Tracón
En mi anterior artículo reivindicaba la obra de los judeoconversos destacando su influencia decisiva en el origen y desarrollo de la literatura y la cultura españolas. El fenómeno, que sólo ha sido estudiado parcialmente, tiene gran importancia para comprender el pasado, pero también para interpretar el presente. Ya dijimos que…
Mis zuecos «aicanchú»: Buscando las huellas de los oficios. Por Mar Solana
Clases particulares de amor. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Clases particulares de amor Cuando una pareja se separa (atento, que esto es una clase de amor), son necesarias algunas palabras; algunos hechos que demuestren dolor. Te quiero, me voy a morir sin ti, la casa llora de vacía, no sé qué voy a hacer si no estás…
La gloria griega. Por Francisco Giménez Gracia
Istmo de Corinto, en el 196 antes de Cristo. Sentado en la tribuna, Tito Quincio Flaminio, Cónsul del Senado y el Pueblo de Roma, apenas atiende al curso de las pruebas de los Juegos Ístmicos que se están disputando en el estadio de Corinto. El espíritu del cónsul bulle…







