Sin deuda ninguna. Por Margarita Wanceulen.
Cuando nos presentaron, me extendió la mano y apretó la mía con fuerza. Sus rasgos y su porte parecían indicar que era un experto hombre de finanzas. Comenzó a hablarme del asunto que nos había llevado hasta él, a mi esposa y a mí. Mi cuerpo sudaba con exageración, a…





