Palabras. Por Juana Cortés Amunarriz
Estás enferma, dijiste. Y algo de razón tenías. Sí, no te fallaba el instinto. La razón se me había nublado, más que eso, estaba inmersa en una niebla densa y el corazón se me había descarrilado como un tren de mercancías. Me dolían las cervicales y hasta las uñas, pero…





