El Trono de Dios. Por Francisco Giménez Gracia
La Literatura, como todo Gran Arte, consiente pocos apellidos, porque todos la ofenden. Si hablamos de «literatura de género», por ejemplo, parece que aludiéramos a unos libricos concebidos para un público incapaz de digerir a Séneca, a Tolstoy o a Faulkner, y pasamos por alto que grandes clásicos…







