Café de agosto. Por Dorotea Fulde Benke
Me quemé con un café inocente que giraba apacible en su tazón, despidiendo en cada vuelta un hilillo de humo y aportando de ese modo unos grados más al calentamiento general del planeta. Retiré de golpe la lengua y dejé que buscara el refugio de los dientes y del paladar….









