Mareas.Por Luis Oroz
» El ancla de sus brazos sujetaba el impulso de la felicidad. Yo icé las velas blancas del deseo y el mundo fue moviéndonos hacia quién sabe cuando. Abrí mi aliento y dije; no seas tímida, deja que yo reinvente tus sentidos, deja que retroceda, que descubra el fondo de…






