Nº57- Cuando los hombres nos falten. Por Sara Lucas

            De un tiempo a esta parte nada era igual en Aguas Caldeadas. Las mujeres se la pasaban con el Jesús en la boca. Oraban al despuntar el día, rezaban en el almuerzo, y también lo hacían momentos previos a dormir. En tales álgidas instancias, en que la hora transita con deseo, necesitaban una voluntad inquebrantable, para combatir las apetencias naturales de un cuerpo joven, dispuesto a dar y recibir amor. Requerían la mano del santo rosario y sus veinte misterios.  A ellos acudían, y en ellos, ellas se refugiaban, rogando por una cura milagrosa que les permita superar una noche romántica.

  Nadie en su sano juicio acreditaba lo que estaba pasando. Mucho menos se aceptaba la contundencia del virus del Camaleón. Un virus maldito que arrasaba con los machos tras consumar la relación sexual. Los hombres morían después del sexo igual que el lagarto, de un paro cardiaco. Cada día en Aguas Caldeadas desfilaba un cortejo fúnebre en el cual, morían un poco sus familias. Perder a los hombres así como así, de la noche a la mañana, resultaba abrumador. Y no había forma de impedirlo.

            ― ¿Qué sería de nosotras sin ellos?― Era la pregunta generalizada.

 La vida femenina parecía haberse detenido. Los salones de belleza andaban vacíos, y los mercados de abasto llenos. Ahí se concentraban las amas de casa preocupadas por sus hombres. Mientras conversaban sobre tentativos tratamientos, intercambiaban recetas para sacarlos de la cuerda floja. Cualquier iniciativa en nombre del ser querido venía como anillo al dedo. Aunque al día siguiente se llore otra vez una nueva pérdida.

 El rubro farmacéutico se mostraba atiborrado, haciendo su agosto comercial en pleno mayo. Todos aspiraban a conseguir la panacea que logre revertir la muerte súbita, después de consumar el coito. Pero cualquier gasto en alquimia química resultaba inútil. Cada noche, las familias de Aguas Caldeadas asistían a un velorio distinto.

Al borde de las calles se acomodaban los arreglos florales fúnebres. Ninguna fachada era suficiente para que encajen tantas cruces. Se veían una tras otra, como una cadena de despedidas vegetales, y cada pétalo parecía gemir al desprenderse. Lloraban las viudas  y en especial Camila, envuelta en arrepentimiento.  Maldecía el poder de la carne que la había ganado, también la costumbre, y lo retorcido del virus, que las conducía al juego de la ruleta rusa sexual.

 Camila Gonzales Ibernales de 24 años, acababa de sufrir el deceso de Cuto Mayol, su adorado esposo un año menor que ella. No había pausa para su pena, ni pañuelo capaz de enjugar el sollozo del alma. Sentada al lado de la capilla ardiente carecían de valor sus lamentaciones. Pronto llegaría la familia de Cuto, por lo cual, era mejor que la cojan confesada.

La pobre observaba el rostro quieto del hombre amado de manera fija. Considerando muy en sus adentros, que apenas unas horas atrás, la había hecho inmensamente feliz en el lecho. Cómo podía asimilar las funestas consecuencias de los hechos irreversibles. Camila quería regresar en el tiempo, porque su desgracia la mantenía suspendida, quizás de forma exacta a la culpa que la corroía por dentro.

De repente,  llegó quien más temía.  Problemas… Pensó Camila

 Ella bajó con impulso del auto y dijo:

―¡Asesina! … mataste a mi bebe con tu lujuria…―Gritó la suegra.

 El dedo acusador de la señora Mayol la apuntaba. Poco o nada le importó la situación desconcertante en que estaba sumida Camila. Su hijo había muerto y el mundo debía detenerse.

  En cuanto lo vio tendido dentro del cajón  su dolor profundo movilizó sus emociones, entremezclando lamentos viscerales con improperios, la tildó de cualquiera. Y procedió agredirla tomándola por los cabellos. En menos de lo que canta un gallo, el velorio se transformó en un ring de pelea. Los deudos Mayol  no querían ver un hijo, hermano u sobrino finito.

 De manera tal el respeto se fue al suelo, dando inicio a la guerra entre familias. Volaron entonces  por los aires tazas de café, junto a paquetes de galletas. Cundía el caos de la manera más deplorable. Los pétalos blanquizcos desprendidos de los arreglos florales se tiñeron de color infamia, e hicieron del piso una piscina resbaladiza, donde  al final, resbalaron  hasta los pecados del difunto.

De dos balazos al cielo raso el Alcalde Armando Fuegos, finalizó la reyerta. Se destrenzaron  los bandos antagónicos logrando mantener la calma. El entierro se celebró esa misma jornada evitando futuras agresiones entre familiares.

Al día siguiente, la norma tácita se hizo oficial.  Se prohibió de manera tajante las relaciones sexuales entre parejas.  Un bledo le importaba las uniones recientes u longevas. Aquí el principio era la vida humana, y reunía en un mismo saco al matrimonio santificado y el concubinato. Novios con derechos, y demás hierbas del campo. La medida categórica no discriminaba  heterosexuales de homosexuales. Cualquier hombre que se atrevía a consumar el sexo salía muerto.

A partir de la regla, Aguas Caldeadas se fue enfriando. La vida nocturna dejó de iluminar la noche. Ni un solo hombre visitaba discotecas. Nadie quería vivir el drama de Camila en piel propia. Pero asistían a los tanatorios y  berreaban muertes propias en cadáveres ajenos.  Los lenocinios perdieron clientela. Sufrieron un golpe certero las prostitutas. Sin salida inminente emigró la gran mayoría. Otras cambiaron de rubro, colgaron las tangas, y se dedicaron a vender aderezos en el mercado.

Cada hijo varón crecido y desarrollado en edad de enamorarse, era enrolado deliberadamente en seminarios religiosos; como si la pertenencia al ministerio sacerdotal disuadiera al hombre de su tendencia natural. Así se produjeron fugas masivas, y encontraron sus cadáveres regados en los alrededores de la orden diocesana.

 De repente los pobladores vendieron sus casas, y se fueron mudando. Las pocas familias negadas al cambio continuaban perdiendo herederos. Mirar a través de la ventana dejó de ser interesante. El barrio a otrora jubiloso se convirtió en un corredor de sombras.

 Con el transitar del tiempo, se hicieron frecuentes las miradas indefinidas en las personas. Solo los ancianos semejaban estar a salvo de la muerte inopinada. Y de lo más impávidos intercambiaban monerías en forma automática. Fue en ese instante en que  Andra Arari reflexionó. Puso sus ojos en ellos durante cinco minutos ininterrumpidos. Ninguno de los dos trasmitía sentimiento alguno al recibir mimos del otro.

―¡Ahí está la clave!― Dijo inspirada.

Había algo factible en toda aquella escena. Ahora necesitaba probar su hipótesis.

― ¿Quién en el pueblo se prestaría a experimentar?―Pensó

Cotejando el reloj Andra decidió enrumbarse hacia el mercado. Su sonrisa se dibujó en cuanto vio reunidas a las amas de casa, discutiendo como de costumbre, alguna cura prodigiosa para el virus del Camaleón.

La mirada recelosa de las señoras la observaron. Entonces una mujer de mediana edad se le acercó dirigiéndose a ella con un tono apremiante y preguntó:

― ¿En qué nos puede ayudar una mujer soltera en un drama de casadas?

― Pues… necesito comprobar una hipótesis… porque también tengo novio, un padre, y un hermano…

― ¿De qué se trata doctora Andra?―Dijo una mujer socarrona

―Apenas un experimento, pero si funciona podrían ir recuperando su vida íntima.

Por un minuto la contemplaron con una expresión esperanzadora. Pero se desvaneció junto al primer interrogante:

―¿Qué es lo peor que podría suceder si falla su idea?

― Otro inquilino del tanatorio.

Sin embargo, antes que ellas se echaran para atrás afirmó:

―No tiene que ser un chico, por qué no probar con un anciano…

Andra apreció un repentino entusiasmo en ellas. Después hicieron un círculo, y de la discusión nació la luz.

― Me acostaré con cualquier cerdo dinosaurio…― Dijo ofreciendo sus servicios una ex prostituta, comerciante ahora del mercado.

El griterío de las placeras pidiendo candidato envolvió con prontitud al viejo sepulturero. Él se apersonó listo, conociendo las consecuencias inminentes fue a inmolarse por los demás.  Tenían una hora reservada en un motel. Pero antes de hacerlo le pidió un baño en el mar.

Tras llevarlo del cuello a la playa, empapado lo sacaron, y cargaron con él directo al hotel. Andra le pidió que consumara el sexo sin deseo. Pero el respondió:

―¡Lo siento señorita, pero seré fuego puro!

Andra miró desesperada a las señoras que habían sido testigos de su decisión. Y el abatimiento volvió. No sabían qué hacer para disuadirlo. La prostituta ajena a cuanto pasaba en la puerta, pidió que suba el sepulturero. El viejito subió con el talante de un hombre que va a la guerra. Se escuchó batir un portazo. Comenzaron las oraciones. Una hora más tarde, él afloró con la prostituta en brazos.  El veterano fue ovacionado y Andra felicitada.

 De la nada creció una muchedumbre. Los interesados asomaron como una jauría de perros hambrientos preguntándole su clave del éxito. No supo dar una respuesta, solo refirió su remojón en la playa. Mientras que la prostituta feliz lo llamaba Titán, el grupo de hombres corrió al mar. Se bañaron, chapotearon, y consumieron las mismas ostras frescas, que devoraba el sepulturero. Y retornaron con sus esposas ávidas y sedientas de ellos, consiguiendo abordar el lecho con un aire inquieto.

Un silencio absoluto llenó las calles hasta, que el primero salió anunciando su triunfo sobre el sexo. Acababa de consumar el coito y estaba ileso. A singular guerrero se les sumaron otros llegando sumarse cincuenta, se hizo pública y callejera la celebración.

Al fin la maldición había acabado. Y los hombres eufóricos tenían las orejas rojas de alegría. Decían que habían vuelto a nacer, e intercambiaron abrazos, cervezas y carcajadas festejando el milagro. Pero en aquel momento notaron que sus mujeres no estaban compartiendo la fiesta. Evocaron su lealtad femenina, y dieron muestras de correspondencia despidiéndose para regresar con ellas.

Una vez en casa haciendo eco de la consigna masculina, retornaron al lecho caliente, las buscaron deseosos pensando en las veces que lo harían en compensación a la abstinencia, pero las hallaron frías como nunca lo hubieran deseado, y durmiendo.

 
 

24 comentarios

  1. Muy original y entretenido cuento. Me ha gustado. Es cierto, como ya te han marcado, que hay que pulir más. Pero poniéndole ganas a tu arte te será fácil.

  2. Interesante, lo goce mucho, definitivamente el realismo mágico esta en todo el continente,
    Todos los pueblos pelean contra sus demonios como mejor pueden para después descubrir que es mejor nadar con la corriente
    Me encanto este relato breve, gracias Sara

  3. Estrella Errante

    maravilloso, sara¡ me encanto¡ muchisima suerte.

  4. ESTRELLA ERRANTE

    EXCELENTE, SARA¡ MUCHISIMA SUERTE¡ ME ENCANTO LEERLO.

  5. Lindo cuento. Los pequeños defectos que le encuentro no ensombrecen la bien narrada historia. Y siempre es un placer encontrar esas «voces de allá», que me cautivan.
    Suerte en el concurso.

  6. Excelente trabajo querida Sara, es un maravilloso relato lleno de misterios y muy inquietante, pues es difícil imaginar que una sociedad pudiese mantenerse lejana a tal determinación en cuanto a la sexualidad que es propia del ser humano en lo que respecta a decisiones en la abstención, a diferencia de los animales, en que por más que se luche contra el deseo y las responsabilidades podemos caer en muchas tentaciones. Logrado perfectamente, me gusta el lenguaje que ocupas, se entiende claro, cada detalle y el talento como siempre está palpable acá, un fuerte abrazo y muchas felicidades!

  7. Es verdad que el relato atrapa porque saber como poner en funcionamiento el sexo con el virus del Camaleón de por medio, crea ansiedad. ¿Quién sabe dónde puede pasar lo mismo?
    Pero hay una forma gramatical que aparece en todo el cuento y que me gustaría saber el por qué. Seguro que está correcto así, pero te agradecería saber por qué ese uso del pasado con el presente. Por ejemplo: “Ninguna fachada era suficiente para que encajen tantas cruces”. O esta otra: “Todos aspiraban a conseguir la panacea que logre revertir la muerte súbita, después de consumar el coito”. Ya he visto que estás desaparecida, pero a mi me gusta aprender y avanzar en esto de la literatura. Perdona mi intromisión.

    De todas formas me ha gustado, Sara, es muy entretenido tu relato. Suerte

  8. Sara, una historia que atrapa al lector de principio a final Desbordante de imaginación y con un buen pulso literario a lo largo de toda ella.
    Enhorabuena!!

  9. Odiseo González

    Me gusta tu cuento Sara Lucas. El primer madamiento de la escritura es: «No aburrir al lector» y tu cuento no me ha aburrido en ningun momento. Gracias por eso.

  10. ¡Hola, Sara Lucas! Tu relato se lee de tirón y es entretenido, aunque reconozco que para mí flojea cuando se acerca el final. Por otro lado, tu narración necesita un repasillo; por expecificar algo que se repite: la posición de las comas.
    Participo con un relato, así que, ya sabes, tómate la revancha 😉
    Escribe, escribe y escribe 😀
    ¡Suerte, Sara Lucas!

  11. Un relato imaginativo y divertido que he disfrutado mucho Sara Lucas. Hay imágenes y frases tan expresivas, poniendonos en situación, que es imposible sustraerse a su encanto.
    Enhorabuena.
    Saludos afectuosos.

  12. Original y absorbente relato. Enhorabuena y suerte

  13. SARA AMIGA ME ENCANTO ES PRECIOSO MUCHISIMAS FELICIDADES HICISTE UN TRABAJO MARAVILLOSO SIGUE ASI QUE ME ENCANTA GRACIAS POR COMPARTIRLO BESOS AMIGA

  14. muy buen texto, realmente interesante de principio a fin, me encantó, suerte amiga

  15. No soy literata pero la historia me encandila y me va envolviendo hasta llegar al final, felicitaciones a la escritora, que a mi parecer es muy buena con una escritura sencilla que cualquier lector se entusiasma hasta el término de ésta.

  16. Un posicionamiento literal en su justa medida, como el vórtice arrasador de unas letras avivadas por la imaginación portentosa que da vida, no solo a uno o dos sino a un pueblo que bajo el compás de tu imaginación vive a plenitud con exactitud esta maldición emergida bajo el amparo atribulado de una demencia por querer y no poder; pero, en esa parte tu pluma como un conjuro mágico encuentra el laberinto donde la masculinidad del pueblo queda asegurada por el antídoto para evitar que el género masculino desparezca de la faz colectiva, bravo mil veces bravo por este relato que me deja feliz y a la distancia enviarte mi saludo y mi apoyo a tus letras que cautivan y ensalzan a la literatura —saludos

  17. Me encanto leer este cuento de Sara Lucas, es fantasia, pero parece muy real…y se acerca a una tematica tan importante en estos dias, que harian los hombres con una plaga asi???? la falta del amor?????GRACIAS!!!!!

  18. Amiga:
    Buena, una noche de amor, es un día de fatalidad y crueldad, excelente narración. Muchos éxitos suerte.

  19. Enhorabuena, Sara Lucas, has conseguido engancharme desde la primera línea y he seguido leyendo con tensión e interés hasta el final. Mucha suerte.

  20. Una historia atrapante y que deja pensando, como todos los relatos de la autora. Felicitaciones y suerte para tì en el concurso,pòrque el relato no la necesita.

  21. Este virus del camaleón refleja una trama muy bien ideada y original. Algunas imperfecciones en el uso de algunos verbos, sin importancia, e incisos del narrador no convencionales, dejan igualmente a salvo la calidad del relato.

  22. Muy buen cuento de ciencia ficcion. Un final que deja pensando. Felicitaciones a la autora.

  23. Muy buen cuento, felicitaciones a la autora

  24. Excelente narración,increíble como la imaginación hace escribir relatos como este,me gusto mucho
    le deseo éxitos mil

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