Mí nombre Armando Hernández y voy a contarles lo que hice cuando pense abandonar mi país hacia los Estados Unidos, convencido de que yo podía triunfar en todo lo que me propusiera sin pensar en que ya era una persona de sesenta años de edad.
La puerta se abre y un remolino de colores brota violento iluminando la calle. Un levitón de cuadros enormes, alternando los de color rojo rubí con los amarillo oro, combinados con otros azul eléctrico y verde botella, embute en su seno a un hombre tan orondo que el único botón…