Cuando Ana me dejó, tardé un par de días para decidir si aceptaba quedarme con el acuario. Tras sopesar pros y contras, accedí. Le dejé bien claro que necesitaría un teléfono para avisarle cuando fuera a salir de la ciudad, pues no podía implicar a ninguno de mis…
Lunes, 19 de septiembre de 2005 09:15. Segunda planta. Área de quirófanos. Tengo que detenerme en el acceso a quirófanos. Un impersonal celador sigue empujando la camilla y nuestros entrelazados dedos se ven obligados a deshacer su unión.
Relato Fuera de concurso a petición del autor. Pilar se anudó el pañuelo al cuello y se puso el abrigo; se miró en el espejo del recibidor de su casa, se atusó un poquito el pelo y cogió el capacho para salir, con aire decidido, a la calle. Hoy era…
Hay un rincón de paraíso llamado Ngazobil, en la orilla africana del Océano Atlántico. Se encuentra ubicado en Senegal, cerca de Joal, en los lugares de la infancia del poeta Senghor, Usted sale de Dakar por los pocos kilómetros de autopista que unen la ciudad, que se…
Habíamos estado andando más de ciento cincuenta días. Las horas se habían convertido en interminables adoradoras del tiempo. Es por esa misma razón que cuando llegó el momento, no supe si estaba realmente soñando. Había dejado atrás a más de una veintena de amigos. Hombres fieles y…
En la sala pequeña donde él esperaba los resultados de la última prueba, se podía oír apenas un hilillo de música ambiental, que salía por los pequeños altavoces instalados al efecto para amenizar aquellas largas horas. No estaba del todo mal aquella idea, sobre todo…
Siempre había presumido de tener los pies sobre la tierra, de no tener más sueño que el que se puede tocar. Pájaros pocos, por no decir ninguno. Para nuestro hombre no había nada más real que su bolsillo, y para llenarlo había que pisar fuerte, seguros, sin vacilar: “caiga quién…
Madrid, 1618 A la hora menguante de otra calurosa noche de julio la taberna de los Fundadores era un bullicio de risotadas, ruido de huesos de Juan Tarafe rebotando en las paredes y rumor de conversaciones de los gariteros que se arremolinaban en torno a las mesas donde…
Cuando la encargada de sacarlas de aquella improvisada cárcel se impacientó, añadió en voz alta para que la oyeran las demás: «Salgan, que las piden», Aurora apretó el puño, en un último esfuerzo para mantener viva una esperanza, y vio como la madre y dos hijas que la acompañaban avanzaban…
Si hoy puedo escribir con serenidad acerca de lo ocurrido es porque ya no me desazona, al comprenderlo lo acepté como un suceso inevitable. Mi repentino viaje, la actitud de inconsciencia febril, el sinsentido común, cambiaron mi futuro.