Me fastidió que me pidiera que fuera al hospital con ella. Para eso está su marido, ¿no? Terminé de afeitarme y salí con la galleta en la boca. Recogí a Katya en mi coche. No me quedaba otra opción. Paré el deportivo en la puerta de maternidad…
Salí corriendo por el pasillo tarareando una canción. Bajé las escaleras, sin calcular distancia ni tiempo y crucé la calle imprudentemente. Ninguna diferencia en el cielo ni en el asfalto aquella mañana y sin embargo, el destino tenía guardada una jugada para mí, una de esas…
A mi padre, contertulio habitual, que me contó tantas historias A André Maurois, por Los silencios del coronel Bramble A García Márquez, por razones obvias 1 de Noviembre. Las luces del Café Mónaco resultan artificiales y falsas en este día triste, melancólico como una flor seca.
Dominado por la magia de las palabras, absorto en la proximidad del encuentro espiritual y confundido por las distintas versiones de la biografía de Shakespeare, viajaba en ferrocarril desde Londres a Stratford upon Avon. Era una peregrinación, pues apreciaba en mi ánimo un cierto misticismo.
Aquella tarde de domingo, reunidos frente al televisor, esperábamos pacientes a ver cómo languidecía la tarde y brotaba de su cuerpo herido el color violáceo que anunciara la rendición de otro día insulso y cargado de horas malgastadas. De repente, y por sorpresa, una voz nos sacó a…
Estoy detrás de la puerta entornada que conduce a la habitación desnuda, llenas las paredes de espejos del piso al techo,con su barra de ejercicios a la altura adecuada.
Julio la esperaría en el Paseo de los Mártires. Había conseguido un permiso para visitar a su familia y deseaba ansioso poder estar a su lado, aunque fuera tan solo por una tarde. Ya se encargarían ellos de detener el tiempo y convertir el momento en eterno.
Antes, Manuel nunca sonreía. Ahora mostraba una gran sonrisa dibujada en la cara. ─ Estoy contento –se dijo, mirando su reflejo en el cristal de la puerta.
Mí nombre Armando Hernández y voy a contarles lo que hice cuando pense abandonar mi país hacia los Estados Unidos, convencido de que yo podía triunfar en todo lo que me propusiera sin pensar en que ya era una persona de sesenta años de edad.