Miguel Molina abandonó el edificio contrariado. Al llegar a la avenida se detuvo en el bordillo de la acera y buscó un taxi entre el denso tráfico que enfilaba el centro de la ciudad. Un vehículo se detuvo a su lado y el conductor lo…
De un tiempo a esta parte nada era igual en Aguas Caldeadas. Las mujeres se la pasaban con el Jesús en la boca. Oraban al despuntar el día, rezaban en el almuerzo, y también lo hacían momentos previos a dormir. En tales álgidas instancias, en que la hora transita…
“Yo adivino el parpadeo de las luses que a lo lejos van marcando mi retooorno…” Cantaba Gardel, desde el aparato de radio, en la salita de estar de la pensión Amparo. Era la hora del tango. Entonces, la madre solía levantarse de la silla y…
Ángel estaba recogiendo escombros cuando el comisario del ejército republicano lo reclutó. ―A ver, ¿cuántos años tienes? ―preguntó el hombre. ―Diecisiete señor ―contestó el joven de ojos aguamarina.
Ignacio Ayala se agitaba inquieto en su asiento. Hubiera pagado por no asistir pero era inevitable: se organizaba en su honor. Una música estridente aumentaba la sensación de caos que provocan quinientas personas buscando acomodo en sus butacas. Sí, definitivamente, hubiera pagado por no asistir.
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Pobre Juan. No sabía cuándo había decidido olvidar todo aquello que le resultaba desagradable. Solo tenía…
Aquel día hacía mucho viento. Un viento cálido y persistente. Ella no pudo resistir más, estaba desesperada, acuciada por la vida que había llevado. Cogió el coche y huyó de la ciudad. La circulación era espesa en las inmediaciones, los carriles estaban congestionados, pero poco…
“Tengo en mí todos los sueños del mundo” (Pessoa) Después de dos días de lluvia, Valladolid ha amanecido bajo un sol espléndido. Me dirijo al Gabino con mi hija Clara. Su padre, Miguel, nos espera en el restaurante. En realidad, él…
La tía Matilde, la más moderna de las tías de su tiempo, nos cedió el sótano de la finca para nuestro exclusivo uso y disfrute. Con cara pícara disfrutaba de antemano de la oposición anunciada de nuestros carpetovetónicos padres. La sonrisa inocente de Matilde, nuestro empuje…
Todo empezó cuando me desperté aquel día. Miré por la ventana y vi una primavera reconvertida en invierno. Imaginé gotas de lluvia, pero comprobé que no eran de agua sino de piedras. Por fin fui consciente que algo me ocurría. Dentro de mí todo estaba al…